COVID–19:La pandemia de la desinformación

Un relato desde la perspectiva de Marx y Kubler–Ross

Han pasado casi dos años desde que, en diciembre de 2019, se hiciera público el diagnóstico de un conglomerado de casos de neumonía de origen desconocido en la ciudad de Wuhan. La opacidad del Gobierno Chino en asuntos de política interior y, una más que probable gestión deficiente de la crisis por parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS), contribuyeron a que la infección producida por el nuevo coronavirus humano (Sars–Cov–2) se propagara por todo el planeta.

El 11 de marzo de 2020 la OMS, alarmada por la gravedad y la rapidez con la que se transmitía la infección, caracterizó la enfermedad por coronavirus humano (COVID–19) como pandemia.

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El aforismo de Marx se hizo pandemia

Karl Marx afirmaba en El 18 brumario de Luis Bonaparte (1852) que la historia se repetía dos veces: la primera vez como una gran tragedia y la segunda como una miserable farsa. Exactamente así ocurrió en España durante la pandemia por la COVID–19.

Primer acto: La gran tragedia

Ni Fernando Simón, Director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES), ni Salvador Illa, en aquel entonces Ministro de Sanidad o Pedro Sánchez, Presidente del Gobierno y responsable último de todo lo ocurrido, fueron capaces de prever la dimensión de lo que en China estaba aconteciendo desde principios de enero. Indolente a las altas tasas de contagio y al número de fallecidos que se producían en los países asiáticos, el Estado permaneció inmóvil, aguardando su propia debacle. Como en una macabra función, todo siguió el mismo guion que años antes había escrito Elisabeth Kubler Ross, cuando en su obra On death and dying (1969) describió las cinco fases del duelo.

Segundo acto: La miserable farsa

A lo largo del mes de julio de 2020, lejos de salir más fuertes como preconizaba la campaña del Gobierno, surgieron nuevos brotes de contagio en temporeros que trabajaban en las provincias de Huesca y Lérida. La progresión exponencial de nuevos casos trajo consigo la rivalidad entre los gobiernos central y autonómicos, con la supuesta bomba radioactiva vírica que se plantó en Madrid o las diferentes medidas en torno a las restricciones de movilidad que se decretaron. Nuevas olas de COVID-19, como la surgida tras las Navidades de 2020, sumieron a muchas comunidades autónomas en nuevos confinamientos y limitaciones construidas en torno a desórdenes informativos. La historia se repetía por segunda vez, en este caso, como una miserable farsa.

Una crisis sin final a la vista

Los picos pandémicos de la COVID–19 siguen afectando, en distinto tiempo y forma, a la práctica totalidad de los Estados. En este contexto, la mayoría de los países occidentalizados han optado por situar a la vacuna como la panacea de un proceso mórbido que, en condiciones naturales, es probable que se alargue de uno a dos años más. Amparados en la necesidad de preservar la salud pública, no han sido pocos los Gobiernos que también han decidido restringir los derechos y libertades fundamentales de los ciudadanos, especialmente de aquellos no vacunados. Todo ello cuando, cada día, son más las voces que disienten sobre la administración de la tercera dosis de una vacuna, todavía en fase experimental. Un gran ensayo de campo sin coste para la Big Farma, aunque financiado por las muertes y reacciones adversas de miles de ciudadanos anónimos silenciados por las estadísticas y los intereses, no pocas veces espurios. De nuevo, el jinete de la desinformación, cabalgando a lomos del interés general.

Una historia sin final a la vista

Un reportaje de:

Maria Ángeles Díaz Madroñero

Pedro Satústegui

Pablo Tagarro